En este artículo voy a hablaros de lo importante que para mi está siendo tocar con un set-up personalizado y haber participado en su proceso de construcción y mejora. Todo esto, gracias a Jorge Marqués, de Saxo Boquillas.

Conocí a Jordi (Jorge Marqués) de casualidad. Recuerdo unos posts que publicó en Facebook a principios de 2016, en los que explicaba cómo iba a elaborar una boquilla clásica para barítono a partir de unos modelos convencionales que yo conocía bien. Esto despertó en mi mucha curiosidad, ya que en aquel momento no me sentía muy a gusto con las boquillas que usaba porque no encontraba la libertad y las prestaciones técnicas que yo buscaba. Pensé que si aquel experimento que se traía entre manos daba un buen resultado, le expondría mis inquietudes para encontrar una solución.

Finalmente, aquel proyecto quedó inacabado y empezamos con el mío. Mi objetivo era muy claro: necesitaba una boquilla capaz de tocar un repertorio que requiere una gran flexibilidad en las dinámicas, una amplia paleta de colores del sonido, una gran precisión en la articulación y en las emisiones, homogeneidad de los registros, buena afinación, proyección, etc. Las boquillas clásicas no me permitían llegar lo lejos que yo quería y las de jazz no las podía controlar. ¿Estaba buscando quizás la “boquilla perfecta”?

Las boquillas

La forma de las diferentes partes de una boquilla condiciona la calidad de los parámetros del sonido del instrumento (timbre, articulación, etc.) de una manera muy determinada. Esta debe ser la razón de la gran variedad de modelos que disponen las grandes marcas de boquillas. En el ámbito del jazz, hay constructores especializados en boquillas y “refacers”, profesionales que adaptan las prestaciones de una boquilla a petición del músico… un sector del que se habla (y/o se conoce) poco en el ámbito de la música clásica. Y tengo que decir, por cierto, que Jordi se encargó de dar vida de nuevo y con éxito a mis viejas boquillas de alto, tenor y barítono que aún conservaba.

Volviendo al proyecto de mi nueva boquilla, se trataba de reunir en una sola las mejores características de mis preferidas de clásica y de jazz. Al cabo de unas semanas ya estaba probando tres prototipos de formas casi iguales pero muy diferentes en prestaciones. Según me dijo Jordi, hizo combinaciones con el volumen de la cámara de una y las medidas de la punta de la otra, con ligeras modificaciones en cada una de ellas para ver qué aspectos del sonido cambiaban.

Durante las numerosas sesiones de pruebas y retoques, antes de llegar a mi boquilla actual de barítono, se fueron quedando por el camino otros prototipos de boquillas que posteriormente modificamos para lograr resultados en maneras de tocar diferentes, basadas en mi experiencia como intérprete de música de cámara. De aquí saldrá la línea de boquillas para barítono de su futura marca y de la que estoy encantado de haber participado en su elaboración.

Contestando a la pregunta que cerraba el apartado anterior, según Jordi, la “boquilla perfecta” no existe: siempre hay un parámetro que, en la búsqueda de su mejora, acaba perjudicando a otro. Yo pienso que se trata más de una cuestión de equilibrio entre los diferentes parámetros a gusto del intérprete lo que nos hace pensar en esta “perfección”.

Los tudeles

Jordi es una persona muy activa y con unas ganas ilimitadas de experimentar y de ampliar conocimientos. Durante la finalización de las pruebas con las boquillas de barítono ya me hablaba de las propiedades físicas de la fibra de carbono y de que seguro que podrían tener una incidencia positiva muy notable en los instrumentos.

Imagino que construir un saxofón entero de fibra de carbono debe resultar una inversión carísima por su enorme complejidad. No obstante, todos sabemos que una parte fundamental en la producción del sonido del instrumento es el tudel. Como el tudel de barítono no tiene ningún mecanismo especial ni agujero de registro en el tubo, Jordi pensó que una buena opción sería empezar por el de este instrumento y yo no me pude negar a participar una vez más en sus experimentos.

Unas semanas después de haberle dejado mi tudel de reserva probé su primer prototipo de fibra de carbono y la verdad es que en seguida quedé gratamente sorprendido al comprobar sus prestaciones en comparación con las de mi querido tudel bañado en oro. ¿Había diferencias? Sí. Unas cuantas.

  • Me gustó más del tudel de fibra de carbono: la enorme precisión en los ataques y la agilidad en el picado, la estabilidad del sonido tocando extremadamente fuerte y piano, homogeneidad en los registros
  • Empate entre ambos tudeles: la estabilidad en la afinación
  • Me gustó menos del tudel de fibra de carbono: el espectro sonoro con menos riqueza tímbrica (armónicos) debido al peso específico de la fibra de carbono, ligeramente inferior al del latón o metales como el oro y la plata

Después de haber probado más tarde sus tudeles de alto (Jordi lleva un tiempo trabajando también en los de soprano y tenor), tengo las mismas sensaciones que tuve con el de barítono, aunque creo que tímbricamente el de alto tiene mejor resultado.

Como parece ser que el “tudel perfecto” tampoco existe, personalmente me quedo con las mejoras en las prestaciones del de fibra de carbono (precisión, agilidad, estabilidad y homogeneidad del sonido), cualidades muy demandadas en este instrumento especialmente en música de cámara y en conjuntos. Según Jordi, las cuestiones tímbricas se pueden compensar con una boquilla adecuada o retocando ligeramente su bafle.

Las abrazaderas

Posteriormente, cuando Jordi tenía ya avanzados los tudeles de los otros saxofones (después de resolver las dificultades que implica situar exactamente el agujero de registro de la llave de octava, teniendo en cuenta el ángulo del tudel y otros parámetros del cuerpo de cada instrumento), se fijó en mi abrazadera y me comentó su curiosa teoría de que la boquilla de saxofón “perfecta” debería integrar una membrana que vibrara de la misma manera que una caña convencional.

Como que este producto sería muy difícil de construir, sería más práctico buscar mejoras en el ensamblaje de la caña con la boquilla: la abrazadera. Para ello, sirviéndose de las características de la fibra de carbono, creó una abrazadera que ajustara perfectamente la caña a la boquilla de manera que no se perdiera ninguna vibración en la producción del sonido. Para ello, sus abrazaderas se basan en las medidas del cuerpo de la boquilla y del grosor de la caña, añadiendo al sistema generador de la vibración la mínima masa posible (la fibra de carbono es un material muy resistente y muy ligero al mismo tiempo).

Después de compararla con diferentes modelos de abrazaderas de barítono y alto (y escuchando las diferencias entre algunas de clarinete), en general me gustó la facilidad con la que te permiten tocar las abrazaderas de Jordi: gran precisión en los ataques y en el picado, homogeneidad de los registros, la proyección del sonido y el envolvente sonoro que genera.

Para mi, el único inconveniente es que tienes que tener una abrazadera según tu combinación de boquilla y caña, ya que tiene una única fijación (no se puede apretar ni aflojar) que viene determinada por las medidas de las boquillas y de las cañas. Si su PVP no es muy elevado puede que te permita tener varias abrazaderas a un precio similar al de una convencional de gama alta.

Conclusiones

Personalmente, como intérprete, la experiencia de participar en el proceso de creación y de ver la evolución de estos productos (las boquillas, tudeles y abrazaderas, especialmente de saxofón barítono) desde el minuto cero, fruto de una colaboración muy estrecha con el constructor, ha sido impagable: ¿os imagináis la suerte que ha sido para mi tener el taller de Jordi a 30 km de mi casa y no en otro continente?

No existe el material ni el producto perfecto sencillamente porque cada músico tocamos de una manera diferente, con ideas artísticas propias y con una sensibilidad personal. En todo caso, el concepto de “perfección” sería más una cuestión personal que universal, aunque es verdad que hay estudios rigurosos sobre las propiedades físicas de algunos materiales que aplicados a la construcción de los instrumentos facilitan la producción de determinados aspectos técnicos.

A veces, vale la pena salir de la zona de confort para descubrir otras opciones en nuestras vidas y en el arte. De no haber tenido nunca esta inquietud, seguramente nunca hubiera conocido a Jordi (y quizás tampoco él hubiera mostrado interés en crear y después mejorar sus productos) ni ahora yo tendría el set-up con el que me siento tan feliz tocando.

Os aconsejo que sigáis los trabajos de Jordi en su perfil y su página de Facebook: os sorprenderán. No dudéis a contactar con él: es un excelente profesional y mejor persona.