Normalmente el género de la improvisación lo solemos asociar al jazz y parece que no tenga mucha relación con la música “clásica” (o escrita), cuando ésta no sólo había sido una práctica habitual entre muchos intérpretes de la historia de la música, sino que algunos compositores como Beethoven o Buxtehude fueron improvisadores reconocidos.

La improvisación libre nació como un movimiento liberador de la “tiranía” de la partitura impuesta por los compositores del serialismo integral en los años 60 del Siglo XX, en la que muchas obras de este estilo sonaban casi como improvisaciones. También en aquella década aparecen los primeros músicos de free jazz, “revolucionando” la escena de este otro género.

Después de asistir a numerosos conciertos en Barcelona de grandes músicos (Agustí Fernández, Lê Quan Ninh, entre muchos otros), además de ver la infinidad de registros sonoros de extraían de sus instrumentos, corroboré la idea de que la improvisación libre, el free jazz y la música contemporánea tienen más elementos en común que diferenciadores, como la búsqueda de timbres y texturas del sonido y su estructura y desarrollo aparentemente abiertos.

Aunque mi carrera artística la he centrado como intérprete y no me considero un improvisador, la improvisación libre me parece una muy buena actividad de estudio personal para trabajar diferentes efectos sonoros y desarrollarlos creando, algunas ocasiones, composiciones nuevas y efímeras. De esta manera, al mismo tiempo que consolido mi técnica implemento mi creatividad interpretativa.

Empecé a interesarme por la improvisación libre a través de una compañera del conservatorio, la percusionista Núria Andorrà, intérprete muy activa en este género musical y que ha actuado con algunos de los mejores músicos que han pasado por Barcelona en los últimos años. Núria me animó a trabajarla con mis alumnos de saxofón y me está dando buenos resultados como complemento a su formación musical. Además de que me permite agrupar a alumnos de diferentes niveles, he comprobado que incentiva en ellos la escucha activa, su creatividad y la idea de interpretación colectiva.

Muchas veces, tanto en el conservatorio como en cursos donde he impartido algún taller de este estilo, solemos incluir una improvisación libre en nuestros conciertos, normalmente al principio, para que los alumnos se sientan al mismo tiempo distendidos y concentrados desde el principio de la actuación y para atrapar al público desde el primer momento con una puesta en escena original y, a veces, atrevida. 

Os dejo algunas muestras de mis modestas experiencias de improvisación libre con mis alumnos:

  • Concierto del ensemble de saxofones del conservatori de Reus (alumnos de grado medio) en el “Festival Simfònic” (Reus), el 7 de junio de 2014:
  • Concierto de alumnos (todos los niveles) del curso de verano de saxofón clásico de Taranaki (Nueva Zelanda), el 21 de enero de 2017: