Joan Martí-Frasquier nos invita a un recorrido por algunas piezas que, para él, definen el presente y el futuro de la música. Centrado en el saxo barítono, esta declaración de principios lo lleva en dos direcciones diferentes: la del saxo solista y la de la combinación de este con la música sintética. En la primera vía, Martí-Frasquier se lanza a una exploración exhaustiva del timbre del instrumento, que pasa de recurso a finalidad, un objetivo a conseguir mediante las variaciones de intensidad, de ataque, de articulación y de ritmo, así como también con la incorporación de otras sonoridades: diferentes tipos de sonidos de aire, la guturalidad y el sonido de las llaves del instrumento. Y de aquí al juego de contrastes que ofrecen muchas de las piezas propuestas, trabajadas en el plano de la oposición y el de la resolución de esta mediante la unión de ideas contrastantes. La más interesante de estas piezas es Trois rêves en musique de [José] Luis Campana (2015), una obra estructura en tres movimientos con una idea sencilla para cada uno que Martí-Frasquier desarrolla con amplios recursos técnicos y una variedad tímbrica que nos lleva del reposo más absoluto a una crispación insoportable. El segundo camino que propone nos lleva a una experiencia poco lograda en la mezcla del saxo y diferentes samplers lanzados por el ordenador en Jackdaw de Wayne Siegel (1953), interesante en la parte final con los juegos de delay con los que Martí-Frasquier desdobla su saxo; y en Believer de Jacob Ter Veldhuis (2007), una pieza a medio camino entre la composición musical y la obra de arte sonora, interesante por el concepto que la apoya. Una pequeña muestra del presente y del futuro que ya está aquí.

Miquel Gené. RMC, nº 354, Diciembre 2016/Enero 2017, p. 60